lunes, 4 de mayo de 2009

ETERNA AUDREY...80 AÑOS DEL MITO...


“Mi vida ha sido mucho más que un cuento de hadas”, dijo en una ocasión Audrey Hepburn. Hoy la actriz cumpliría 80 años. Audrey soñaba con ser bailarina. Pero la Segunda Guerra Mundial truncó su sueño y su infancia se vio ensombrecida por la guerra. Sin embargo, y como si se tratase de un cuento, pocos años después se convirtió en la actriz más admirada de su generación.Más allá de sus papeles, Audrey cautivó por su belleza natural, su personalidad espontánea y sincera, y por su encanto. Ella es el estilo. Una elegancia basada en la sencillez, en una sonrisa cautivadora, una figura esbelta y una silueta perfecta. Su legado de estilo es hoy referencia para modelos, estrellas del star system y primeras damas mundiales, y fuente de inspiración para diseñadores. Su forma de vestir transformó el glamour sobrecargado del Hollywood de los años 50 en una elegancia sencilla y muy femenina, que aún hoy sigue vigente. Su papel como Holly en Desayuno con diamantes la convirtió en el icono de moda con el que ella nunca supo identificarse, huyendo siempre de etiquetas. Lejos de dejarse vestir por los grandes diseñadores del momento, Audrey se mantuvo fiel a Givenchy, el modisto que la conocía mejor que nadie y el cual creó, para ella, su perfume L’Interdit. Fue él quien diseñó el vestuario de la mayoría de sus películas. Quién no recuerda los fabulosos trajes, aún actuales, de Charada. O los románticos vestidos de Sabrina. Ella contribuía sin quererlo en una nueva forma de hacer moda, que ha trascendido las épocas, y que sigue siendo cool a pesar de los años.Aunque todos la recordamos por su estilo, su ropa y sus peinados, su verdadera pasión fue ayudar a los los más desfavorecidos. Su mejor papel fue el de embajadora de buena voluntad de Unicef, en proyectos humanitarios principalmente con niños pobres y de lucha contra el sida. En el 2007, se subastó uno de los trajes de Desayuno con diamantes por un precio de 525.051 euros, destinando el dinero a un proyecto impulsado por el escritor Dominique Lapierre, para dos escuelas en Bengala, India. Se casó dos veces, con Mel Ferrer y con Andrea Dotti, pero siempre dijo que fue su último amor, el actor holandés Bob Wolders, quien mejor entendió su mundo. Tuvo dos hijos. Murió en 1993 en un pueblecito de Suiza. A su funeral acudieron sus cinco hombres, fieles a ella.

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